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Mensaje por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:08 am



Darling, were you really drunk

tonight, right?

Había despertado con una ligera jaqueca que no le permitió volver a dormir desde poco mas de las 4 a.m. Eso era lo que sucedía cuando pasaba de su límite de 3 copas... y ya ni siquiera recordaba porqué demonios había aceptado la 4ta, en esa fiesta casi improvisada de trabajo. Con el tiempo, aprendió que en las oficinas de la disquera los cumpleaños de los empleados eran imperdibles para celebrar, o como la rubia diría: Buscan cualquier pretexto para tener qué dejar de trabajar y les sigan pagando. La noche de ayer, la afortunada fue una secretaria muy querida por la mayoría. Por parte de la joven, ya cansada en ese entonces, ni escondiéndose para salir de una vez antes de que le vieran huir le sirvió para que le dejaran ir... sin unirse al festejo. Bueno, al menos hubo comida y se ahorró tener que prepararse la cena, y vaya que hasta conoció empleados que en su vida había visto circular por el edificio. Se fue temprano aún así aunque tuvo su lado bueno quedarse a convivir... a veces.

Bien, ¿nada que el desayuno y la ducha no pudiera arreglar, verdad? Por eso le dio gracia llegar fresca como una rosa, a pesar de las pocas horas de sueño dando los buenos días por aquí y por allá en la entrada principal y el estacionamiento, siendo que mas de uno no se había podido librar de la terrible cruda; abismal en algunos por cierto. Y le esperaría mas diversión todavía dentro de las instalaciones del edificio, ¿no era tan malo después de todo? Es que, veces no sabía si sentirse orgullosa o no de su aguante con el alcohol... pero por lo mientras, llevaba una bolsa de uvas consigo para invitar, así quizás pudieran sobrellevarla un poco. La mayoría le iba a mandar al diablo... pero qué mas daba.

Estacionó el auto siendo afortunada al llegar temprano, pues pudo tomar un lugar más cercano a la salida. Con un gran porcentaje de los trabajadores en modo stand by... bueno, otro día más para luchar por sobrevivir laborar con entusiasmo hasta el final de la jornada. Su sonrisa, sus uvas y su habituada cortesía le acompañaron en su andar por la recepción para registrar su llegada, y por la recepción tampoco hubo problema... hasta que encontró algo, o mejor dicho, alguien a quien creyó solo un sueño incómodo por la ligereza irreal y casi bizarra que le dieron las copas de la noche anterior. Ok, ¿Qué de malo podría pasar? Respiró hondo y exhaló, antes de seguir caminando hasta su escritorio porque, inevitablemente tenía que pasar por ahí. Era también armarse de valor para que las uvas fueran lo único que se agotaran ahí... y no su sonrisa, menos su paciencia.

- Buenos días - Hasta su voz fue tímida y su semblante una atropellada parodia de amabilidad auto-convencida, mientras conservaba el gesto alegre para ESA persona en especial. No le miraba de frente y era un tanto fingido, incómodo, lo hubiera evitado de ser posible... pero, se supone que el buen día debía empezar por uno mismo hacia los demás, ¿O no?


Última edición por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:22 am, editado 2 veces



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Re: Don't make me want to hit you, please... - {Priv}

Mensaje por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:10 am


Lupo I. Monteiro
¿Qué jodidas horas eran? Lupo veía la pantalla de su celular sin poder enfocar por completo la mirada, la luz proveniente del mismo aparato le hacía cerrar los ojos en reflejo a que no continuaran siendo lastimados. Tuvo que parpadear más que un par de veces, de hecho se quedó un minuto tratando de acostumbrarse a tener los ojos abiertos, para poder darse cuenta que eran ya pasaditas las seis de la mañana, al menos solo por unos minutos. Tuvo que cubrirse los ojos con la palma con tal de no ver la luz y que sus pupilas siguieran siendo lastimadas. Oh, maldita sea. La resaca estaba peor de lo que creyó. Se bajó de la cama, pisando descalzo el suelo frío y sintiendo escalofríos se dirigió hacia el baño, casi chocando con el lavamanos en el proceso. La fiesta del día anterior la disfruto como si no hubiera mañana; bueno de hecho solía hacerlo con cada fiesta a la que asistía, pero nunca se dejaba llevar tanto cuando se trataba de una celebración dentro del trabajo. Para él, un cumpleaños era suficientemente importante como para arrojar la casa por la ventana, más si se trataba de una persona que conocía. La querida Charlotte Brown –o Charlie Brown como le gustaba llamarle– ya había llegado a sus treinta y cinco años. Y siendo tan querida por todos, no podía faltar que arrojaran la oficina por los ventanales en este caso. De haber sabido que ella también lo arrastraría para su competencia de chupitos y a ver quién aguantaba más sin ponerse borracho, se habría puesto más firme en decir que no bebería.

... Bueno no, en realidad sería la primera persona en poner todo el alcohol cuando se acabara la primera parte.

Dejo que la cristalina agua le lavara por completo los recuerdos de la noche anterior, solo para poder seguir adelante con el día. Se tallo bien todo el cuerpo hasta dejarse la dermis enrojecida por tanto tallar. Dejo el uniforme que uso el día anterior sobre el cesto de la ropa sucia y saco de su armario uno nuevo. Agradecía al cielo tener más de uno por cualquier cosa que se le ofreciera que no pudiera usar alguno. Se arregló frente al espejo el cabello y el uniforme. Realmente no puede decir cómo fue, pero pudo ponerse su uniforme de trabajo sin mayor dificultad. Ahora mismo no podía usar una de sus lociones, se le revolvía el estómago el olor. Que putas, parecía hasta una embarazada. Menos mal que sentía todo en su lugar para asegurarse que era hombre. Lo que sí pudo hacer con mucha dedicación es buscar con que quitarse la resaca que le aquejaba. Siendo que estaba tan acostumbrado era normal que supiera que comer y que no cuando se encontraba en ese estado. Empaqueto todo y lo coloco en unos cuantos toppers, se puso unos lentes oscuros, abrió la puerta de su departamento asegurándose primero que ni el viento ni el sol que apenas se asomaba le impidieran seguir su camino de pie, se revisó que tuviera todo lo necesario antes de salir, cuando estaba asegurado cerró la puerta con llave y se fue directito a Woodstock Records. Daba gracias al cielo y a todos los dioses existentes que su trabajo fuera generalmente tranquilo, pero sobretodo cercano a donde él vivía. Por qué de otro modo tendría que haberse tomado un taxi para llegar a tiempo. Pero hoy la línea del tren le serviría de ayuda.

Estuvo seguro que se quedó como ido durante unos minutos en su camino, por qué en lo que menos se dio cuenta fue cuando ya había llegado a su parada. Caminar al trabajo le gustaba, aunque no en días como esos en los que su cruda le hacía tambalear en ratos y lo dejaba parecer todavía un borracho. Al menos sabía que no sería el único que se había dejado llevar por los juegos y bebidas de la otra noche. Oh no. Y pobre de alguien que intentara chantajearlo, por qué las cámaras de seguridad seguían grabando todo lo que paso, de eso se había asegurado muy bien. Pues a pesar de toda la juerga, tenía un puesto importante que cumplir en la empresa. Si los altos le pedían explicaciones, mostraría los videos y así se quemaría no solo él, sino varios otros. Estuvo seguro que vio a más de un par colándose por ahí a escondidas de todos. Igual no iba a ser tan indiscreto para contarlo pero. Bueno, mejor estar prevenido ante todo.

No la jodas Monteiro. ¿Te pego dura la cruda? — El primero del día que venía a echarle en cara sus costumbres para la bebida.

El reciente británico se burló suavecito, sacudiendo el índice de forma cómplice. — Y cállate cabrón. Qué tú también andabas bien puesto con los tragos. Espero no recibir quejas de acoso al rato, eh. — Y claro que eso último no venía de ningún modo como una broma. Sí, ya había tenido problemas anteriormente por ello. El hecho de que se lo recalcara fue suficiente para que le dejará de joder.

Llegó a su estancia, hablando con los pobres diablos que quedaron la noche para cuidar el sitio. Poniéndose al día y despachando tan rápido como podía a varios para que se retiraran. Sabía lo dificil que era mantenerse en pie después de una jornada nocturna y es por eso que les tenía condescendencia. O tal vez era simplemente que no podía ponerle atención a tantas voces hoy. Todavía sentía que le dolía la cabeza. Asigno puestos para el día y cada quien se retiró a su punto asignado. Hoy a él le tocaba recibir y atender gente para su entrada o salida del edificio. Con un carajo, odiaba cuando le tocaba hacer de niñero de los empleados –mejor dicho lo detestaba ahora que no tenía muchos ánimos para hablar con nadie acerca de lo de ayer–. Para él esas cosas eran tipo: “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”. Antes de acomodarse en el puesto se había dado un pequeño detour por la cocina para hacerse de un vaso y llevárselo con él. Puso frente de sí el dicho recipiente y a un lado la bolsa donde traía lo de casa. De adentro saco un cartón de leche y empezó a servírselo, deteniéndose de golpe y casi tirando el cartón como si hubiera escuchado un disparo venir hacia él. Claro que solo era el sonido amplificado de un taconazo por el estado fisiológico en el que se encontraba su cuerpo. Ay dios, ¿por qué hoy de todos los días alguien llevaría tacones? A alguien simplemente le gustaba hacer sufrir a los demás, eso seguro.

Limpio con una franela lo que se alcanzó a manchar y dirigió la mirada a la persona que le saludaba de esa manera tan tímida. Ah. Claro. ¿Cómo no se había dado cuenta? Se trataba de ella. — Buenos días, señorita. — Sonrió con una amabilidad más sincera que ella le daba. — ¿Tú también andas con resaca o fuiste más afortunada que todos nosotros? — “Por qué de otro modo no entiendo por qué entras pisando con tanta fuerza el piso”, pensó para sus adentros puesto que claro que no le daría razones para llevarse mal ni ser malinterpretado. Estaba casi seguro que no le agradaba o algo así, puesto que cada vez que se dirigían la palabra –o el intentaba sacarle conversación– le parecía que lo hacía más a fuerza que de ganas. Pero eso no dejaba que se rindiera en intentarlo.

Uy. ¿Qué traes ahí? ¿Me das? — Pregunto cómo niño chiquito, curioso y tragón por lo que cargaba en manos.

Y aún seguía sin entender por qué no le caía bien.



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Re: Don't make me want to hit you, please... - {Priv}

Mensaje por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:28 am

Grace Taylor
Lo suficientemente huraña como para pensar. ¿Por qué el mundo entero no simplemente se limitaba a veces, a solo contestarle un "buenos días" de vuelta  y dejarla ir sin más cuestionamientos? Bueno, es una exageración... mejor dicho, específicamente personas como quien tenía a lado. ¿Que por qué? Bueno, no es que le cayera mal el mismo varón solo por que si; de hecho, ¡Que diablos! ni siquiera le desagradaba, no había alguna especie de adversión mucho menos. Si trataba de definirlo con palabras... lo único que se le venía a la mente era algo cercano a la intimidación, a la inquietud y la ofuscación. ¿Sería la estatura ajena, que ella misma no alcanzaría ni siquiera en puntillas con los tacones que calzaba hoy? ¿El porte, o el puesto que el caballero desempeñaba? O tal vez posiblemente se tratara de algo parecido a eso que a la mayoría de los gatos les insta a alejarse de los canes apenas verlos. No sabía si sentir más pena por su propia monomanía, o por el hombre que le sonreía con una sinceridad más notoria que la de ella, al ser víctima de tal... alucinación, si. Y era un tantito peor si se permitía acordarse de lo que vio anoche. No es que fuera una mojigata, ¡Pero qué escena más bochornosa! Y sabía que los affairs, en ese y en todos los trabajos y oficinas eran mas que normales... pero oye, ¿Tan desafortunada fue como para que le tocara verlo de entre TODOS los empleados? Instintivamente bloqueaba dicha imagen mental, o se iría corriendo de ahí.

Le escuchó y la sonrisa de medio lado vino sola, muy brevemente - ¿Qué es una resaca? - Una broma retórica... aunque por supuesto, ella conocía bastante bien una cruda y a eso se debía que se controlaba en su consumo de alcohol, ya que, de solo acordarse de la sensación en que creía que el craneo le estaba a punto de estallar -literal y gráficamente- o el cerebro por derramarsele como una masa amorfa por la nariz y los oídos, justo en las mañanas siguientes a las noches donde bebía hasta que se acababa no el dinero, ni la bebida, sino  la conciencia... pues, le bastaba para dejar el vaso en la mesa y alejarse al menos un par de metros. - Creo que corrí con un poco mas de suerte - Agregó de forma más sencilla mientras sus hombros se encogían. Incluso podía sentir culpa al verle a él, en pie por voluntad divina si tomaba en cuenta la cantidad de bebidas que le vio consumir ayer; con el retrato en su rostro de un Dante al haber pasado por el tercer círculo del infierno. A eso le llamaba aguante, sin dudas. Algo para admirarle eso si.

Entonces, él se interesó con una simpática puerilidad por lo que traía en sus manos ¿O era que la cruda de hoy le hacía verlo más manso y menos intimidante, o no era tan malo como la chica creía? - Uvas verdes - Se apresuró a contestar de manera cordial, y seguidamente sacó un par mas para sí con su mano izquierda, con el fin poder entregársela al chico. Quedaba a la mitad pero sería mejor que nada - Seguro. Te harán más provecho que el vaso de leche - Señaló de buena gana pues, era obvio tanto que la había visto y que incluso podía olerla a esa distancia. Y era sincera además. Bueno, ¿Cuándo no lo era? Si debía mentir mejor se quedaba callada y se retiraba... por eso, cuando minutos después escuchó otros pasos, mas rápidos y de hecho más ruidosos como los suyos venir desde el otro lado que iban en conjunto con una voz muy peculiar y reconocible, el gesto sobria y honestamente gentil que tan complicado era a veces sacarle a la rubia se le esfumó por completo. Se trataba de Sarah Miller Willson, una "simpática" secretaria que se destacaba por su aguante para el alcohol pero también, por su cambio un poco más "cariñoso" cuando se excedía de copas. La misma cuya imagen de ayer al recordarla le causaba escalofríos en la espina dorsal. Cielos. ¿Por qué ella y en ese momento específico, por que? ¿Acaso estaba reclamando territorio o qué demonios? Vamos, ¡Grace sólo le había saludado! ¡Él fue además quien le sacara la plática y le pidiera de su almuerzo, no ella la que se ofreciera por las suyas nada más por que sí!

- Buenos díaaas~~ - Llegó ella, saludando animadamente al compás de su andar vivaracho -y molesto- para la joven británica con nula paciencia, a quien más bien parecía como si viera llegar al diablo corriendo hacia ella. Tan animada y fresca lucía, que era para jurar que, o se trataba de una bruja auténtica o un subdito fiel de Algol para encontrarse TAN normal al día siguiente cuando bebió de más la noche anterior, era otra mujer la que se acabó la botella anoche e hizo un par de desfiguros... o sabía mejor que ambos cómo quitarse la resaca, for the win. Tanto, que Eleonor juraría que al existir un campeonato de quién se quitaba la cruda más rápido, ella ganaría aplastantemente. - Lupo~ ¡Hola Grace! - Añadió feliz, casi corriendo para llegar al encuentro de los chicos con sus tacones de Prada y su manera a lo Pin-up. Grace, conteniendo la cara de conejillo gruñón se masculló el refunfuño con todas sus fuerzas, desvió los ojos para evitar ponerlos en blanco por el fastidio y dijo: - Buenos días, Sarah. - Un suspiro - Con permiso - Y se despidió por el momento, retirándose segundos después. Eso o de verdad pondría mala cara y se erizaría como un gato de quedarse ahí, haciendo mal tercio, aguantando la voz chillona de su compañera de trabajo y hasta de más coqueteos, seguro. Antes que le enterraran viva y, ¡Por Dios! tanto se le hacía tarde para llegar a su oficina, como que tenía mejores cosas qué hacer que escuchar... cursilerías. QUÉ horror.


Última edición por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:55 am, editado 1 vez



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Re: Don't make me want to hit you, please... - {Priv}

Mensaje por Charlotte el Jue Mayo 01, 2014 6:52 am

Lupo I. Monteiro
“¿Qué es una resaca?”. Lupo sonrió de medio lado al escucharla, arrugando el entrecejo un poco incrédulo o mejor dicho impresionado. Eran pocos los que por decisión propia no tomaban y pocos los que aguantaban tomar tragos como barriles sin despertar mal al día siguiente. Le daba curiosidad de saber a cuál de los dos grupos pertenecía la rubia. Por descarte y por como la conocía –lo poco en realidad– se fue por la primera. Se llevó la mano al mentón y alzo la ceja de un lado, volteando ligeramente el rostro. — Bastante suerte diría yo. — Tuvo que agregar. Cuando se percató que dirigía su mano hacia él, este puso la palma libre para recibir lo que traía de comer. Uvas. Nada mal. No acostumbraba a comer cosas así, menos en una resaca como la que padecía, pero no iba a ser un grosero para rechazar la comida. — Gracias. Espero no estén muy ácidas, sabes. — Y es que si recibía algo más fuerte que lo neutro que iba a consumir como desayuno, sabría que estaría como una mujer preñada a punto de devolver el estómago. Llevo una a su boca y trago. Dios, por lo menos esa no estaba amarga. — Ah. No sólo traigo leche. Traigo también rodajas de plátanos con miel... Sólo que sin la miel. — Se río un poco y a los segundos se agarró la frente, maldita sea el dolor de cabeza. Se tallo los ojos y se recompuso a los segundos. — La leche y el potasio es bueno para cuando uno trae la resaca. La leche neutraliza el alcohol del organismo. Además, el estómago lo recibe mejor que otra cosa. — Explico mientras se sobaba el vientre, y es que cuando aún no parecía, tenía mucho cuidado con lo que ingería. — El plátano es para el potasio. Ya que se baja cuando te emborrachas. Ahora yo recupero lo que perdí y así me llenó de energía. — Hablo como todo un maestro en el saber de curarse las consecuencias de las borracheras de noches anteriores. Claro, él sabía. Siempre busca soluciones a lo que parece no tenerlo y lo aplica. No es un simple palurdo que hace todo por impulso. El razonaba las cosas.

Estuvo a punto de ofrecerle de lo que él había preparado, sin embargo, otros taconazos –peores a los de ella– se escucharon y le hicieron sobresaltar peor, haciendo que de sus manos se cayeran alguna de las uvas que le habían regalado. Maldita sea. ¡¿Cuándo iban a dejar de dar contra el piso como si quieran matarlo?! Mujeres. Pensó a sus adentros, recuperando las que se habían caído, casi todas a salvo. Excepto con una que terminó en el suelo. —  Ajá. Buenos días. — Le respondió el saludo a la espléndida Sarah Miller. O lo sería si no le hubiera dado otro horrible dolor de cabeza. Tuvo que apartarles la mirada de encima por un momento, intentar agacharse sin separar los glúteos de su asiento y alcanzar el bendito frito de vid. No sé lo iba a comer, claro, pero no iba a dejar su tiradero ahí. No compaginaba con quienes hacían eso. Conocía a los que hacían la limpieza en el edificio, y no por qué fuera su trabajo limpiar todo él les iba a dar todavía más. Eso era solo ser un completo imbécil. — Lo tengo. — Aclamo orgulloso de sí, y sin lastimarse en el proceso por haber estirado de más el brazo. — Eh, pero... — Vio marchar a la rubia sin poder decir más nada. Hizo una mueca con el labio; apenas si había podido tener una plática un poco más normal con ella. Oportunidad desperdiciada, gracias a — Sarah. — Volteo a verla con una cara de pocos amigos. No estaba feliz, para nada.

Ay, ¿por qué me miras así? — Exclamo con inocencia. De la clase que es tanto fingida como demasiado pura para que uno se la tragara como cierta. Y menos él se la tragaba. — Aish. No me veas así. — Se acercó a abrazarlo y rodearlo en brazos. Había suficiente confianza entre ellos por eso el gesto no se lo negada, pero tampoco se lo correspondía. Simplemente se quedó cruzado de brazos, serio. Ella le dio un puchero. — ¿Estas molesto por lo de ayer? — Musito con los labios apretados, un color rojizo les pintaba hoy, mientras que su larga uña decorada le picada una mejilla. Lupo le aparto con la mano. — Ayyy. Bueno ya. ¿De qué se me acusa ahora? — Pregunto la fémina, ahora sí con una sincera consternación en el semblante de su rostro. — No sé. No sé... Que casi haces un pinche escándalo por andar bebiendo. Ah no, perdón. Hiciste que ahora LOS DOS estemos en un escándalo. — Pronto se arrepintió el morocho de haber alzado la voz. Puta madre con la resaca. La rubia se dio con su palma en la cara. — ¿Qué tanto fue? — Preguntó cómo no queriendo la cosa. — Dime que por lo menos tú me vas a contar que pasó. — Inquirió casi en un modo suplicante. Lupo bufó. — ¿Problemas en el paraíso, muñequita? — Se burló, se levantó de su asiento y tomo la radio, hablo por ella y dio unas cuantas indicaciones, poniendo el dedo índice en los labios rojos de la contraria para que por un segundo cerrara el pico. Estar ahí le ponía de malas ahora sí. Cambiaría de puesto con alguien más, sólo por hoy. — Mira, preciosa. Lo qué hiciste y el resultado que trajo, lo tienes bien merecido. Ahora, déjame pasar por qué quiero desayunar. Sin, molestia, alguna. Gracias. — Término de decir, sonriendo con un encanto tan natural que ni parecía molesto. Sin duda, no lo estaba. Salía triunfante de la escena, por qué sabía que por una vez, el jodido no era él. Recogió todo y se fue.

Sin embargo, el diablo vestido en Prada no estuvo feliz. Saco algo de su bolso y se lo puso en la boca. — Lupo. — Se acercó rápidamente hacia él, tomando su rostro a la fuerza y beso sus labios, obligándolo a abrir la boca e introducir el caramelo que previamente se había colocado. Lupo arrugó la nariz llenó de asco por el gesto, peor cuando sintió la canela rodarle por toda la boca. — Hija de puta. — Masculló asqueado y cubriendo su boca. Traía el sentido del gusto alborotado, mal, la canela sólo lo hizo peor. Oh Dios. Iba a vomitar. Salió disparado directo al área de los tocadores, entrando de golpe y haciendo que con ello la puerta azotara varias veces detrás de él. Fue directo al lavabo, escupiendo todo el contenido de su estómago, lo cual era sólo ácido. Dejo caer sus cosas y tosió tanto al punto de sentir su garganta irritada; dejo correr el agua y empezó a llevarse de puños a la boca y a la cara, escupiendo el horrible sabor de la especia hecha artificialmente en forma de confite. — Un día voy a matar a esa mujer... — Murmuro apoyado sobre la pila mientras tallaba sus ojos. De no haber estado tan desesperado por vaciar su estómago, se habría dado cuenta que... ese era el baño de las mujeres.



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