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Direct to the machine city, where the wind stops

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Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Dom Nov 10, 2013 5:15 pm


AND ALL THE ROADS WE HAVE TO WALK ARE WINDING...



I need to be myself, I can't be no one else. I'm feeling supersonic,
give me gin & tonic. You can have it all but, how much do you want it?

Carretera a Iron city. 8:37 pm. La aguja de kilometraje marcaba los 80 por hora. En el estéreo, a todo el volumen que la prudencia le permitía sonaba una estación en su totalidad de música tan anticuada como los abuelos de la generación actual, de una época tan olvidada como lejana. Entre lo más típico de los Rolling Stones o de Bon Jovi su cabeza de castaños cabellos oscilaba al ritmo de las guitarras, dejaba que el viento los peinara y despeinara a su antojo y libremente al igual que la bufanda roja, cual aviador a la vieja –muy vieja- usanza que colgaba de su cuello, pues la capota del auto estaba baja para permitirse dicho lujo, dicha alusión. A veces aceleraba, otras bajaba solo por los letreros de precaución pero le daba igual: Ella de verdad disfrutaba el viaje. Lo que menos le interesaba es cuanto durase pues ni el tiempo en sí era su limitante, o al menos hasta que el alba le cortara el camino. Cantaba incluso, en la completa soledad tanto dentro del propio vehículo como de la oscura autopista, como si estuviera de gira al lado del mismísimo Jagger o del joven Jhon en sus buenos tiempos.

Ella hacía siempre lo que quería, iba a donde se le antojaba. Nada le detenía y por eso irradiaba ese aire casi sagaz de satisfacción, por eso tenía cara de viernes todas las noches y gustaba de compartir su alegría con los demás. De su nívea piel se dejaba ir el perfume de la libertad misma justo como pensaba que todos debían hacerlo al vivir a su propia manera, y no solamente vivir en una plegaria… pero no era el caso de todos Personas así encontraba, por desgracia en todos lados; hasta en la gasolinería que avistó tan lejos de cualquiera de las urbes y en la que, a menos de que quisiera “divertirse” pidiendo ayuda porque el auto se le paró en plena carretera, tendría que detenerse antes de que el tanque se le vaciara a medio camino. Con un botón el techo de cuero del carro subió y quedó fijo en su lugar, con otro bajó casi todo el volumen de la radio aún cuando Liam Gallagher le cantara tan encantadoramente que se quedara con él. – Yes, and you’re my wonderwall too dear; but please, let me put some gas to the car – Le dijo en voz baja, entre risas discretas.

Se detuvo en la estación, a lado de uno de los dispensadores. Las luces frontales se apagaron y la chica descendió dando las buenas noches al encargado de servicio, con su siempre ligera sonrisa y su gesto de ponerse el cabello detrás de la oreja. – Lleno por favor – Pidió al dependiente con suavidad, después solo se encargó de estirar sus miembros y moverse un poco para compensar la inmovilidad de horas en todo el largo viaje, dando pasos por allí y mirando a su alrededor mientras el otro hacía su trabajo. Su pose tachaba en lo despreocupada tanto para dar la espalda al vehículo y al hombre trabajando, perdida en ese cielo negro donde las estrellas ya se perdían a causa de las luces de la civilización, de aquellas junglas de asfalto y edificios gigantes, poblada de tecnología y maquinas más que personas… estaba cerca ya de su primer destino, si. No tenía ni reverenda idea de lo que haría allí pero, para empezar a recorrer de nuevo el Londres que hacía décadas había dejado atrás, no estaría nada mal. Ropas informales y ligeras tan sencillas como cualquier cosa, cabello suelto y  poco rebelde, andar sobrio, guantes de piel y manos en la cintura, era toda una bagatela. – Vamos, todavía nos falta mucho por recorrer y la noche es muy joven aún amigo…



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Miér Nov 13, 2013 10:57 pm

Sentado en aquel pequeño rincón, en mitad de la nada, tan lejano de las grandes ciudades que su bullicio y sus luces eran una promesa muy lejana allá en el horizonte oscuro, él esperaba.

Debía esperar, pues no tenía otra opción. Su vehículo, un estropeado Camaro que había tomado ilícitamente de alguien que de todas formas ya no lo iba a necesitar, se había averiado a un par de kilómetros de ahí, y el único mecánico cercano a aquella pequeña estación de gasolina parecía carecer de lo más básico para realizar su trabajo, así que tras ponerle una larga listas de excusas le aseguró que no podría reparar el auto hasta al día siguiente, cuando pudiera conseguir refacciones y su ayudante hubiera vuelto de la ciudad.
Así que estaba limitado a esperar, aunque la urgencia de su asunto en Iron City le apuraba y le hacía sopesar la posibilidad de ir caminando hasta ahí,  a pesar de la distancia considerable que aún le separaba de su destino.
O bien podría conseguir que alguien lo llevara hasta allá.
Sin embargo aquella ruta parecía poco transitada y pocos vehículos habían pasado desde que él había llegado. Muchos menos eran los que se detenían.

Su mirada impaciente se dirigió al reloj de pared que colgaba obre el mostrador, y resopló. Se había refugiado del frío nocturno en el pequeño restaurante al lado de la gasolinera, y bebía su tercera taza de café.
Un repentino sonido de música estridente rompió la tranquila quietud de la noche, y buscó el origen del ruido con la mirada, afuera, a través del cristal de la ventana, desde dónde alcanzó a ver un auto negro que acababa de aparcar. La música se desvaneció hasta que no pudo escucharla más y la portezuela del vehículo se abrió. El conductor era una mujer joven, a la que sus ojos siguieron, primero con renuencia, como solía mirar a cualquiera demasiado ruidoso para su gusto, y luego con curiosidad.
Estaba demasiado acostumbrado a observar a las personas, como para que pasara desapercibido a sus ojos la singular presencia que la figura de la joven tenía. Había algo etéreo, casi espectral en ella. No era que su apariencia fuera extraña en sí, a no ser por la piel sorprendentemente blanca de su rostro. Era algo más, en la forma en que se movía, más ligera que cualquier otra cosa a su alrededor.
Por un segundo tuvo la rara impresión de que ella no estaba realmente ahí, si no que se movía en un plano distinto, dónde la gravedad normal no podía alcanzarla.

Sin embargo esa sensación se disipó en seguida, cuando la camarera distrajo su atención para preguntarle si querías más café.

No gracias. La cuenta. -respondió él, secamente. Ella dejó la cuenta y la miró superficialmente antes de volver la vista hacia la ventana por última vez.

Dejó un par de billetes sobre la mesa y salió. El aire frío del exterior le hizo estremecerse, obligándole a cerrarse la gabardina de color negro sobre la camisa del mismo color.

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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Jue Nov 14, 2013 9:11 pm

Dio una gran bocanada de aire, innecesaria para su atrofiado sistema respiratorio -o lo que quedara de él-, aunque certera para saber que aún seguía allí. La brisa fresca de la noche, con el ligero olor a combustible y grasa de motor debido al lugar en que se hallaba le recordaban que sus pies seguían en tierra, que su alma estaba dentro del cuerpo muerto que tenía para andar. No importaba cuantos años pasaran, las cosas no cambiaban del todo, conservaban la misma esencia... eso era lo único que le hacía verse a sí misma todavía algo propia de ese plano, a pesar de que este le concerniera netamente a los vivos. Eso, porque era natural figurarse ser alguien -o algo- completamente aparte; quién, o que además de no ensamblar ni con los suyos ni con los otros, tampoco cuadraba en lo absoluto con el mundo al que ella insistía en pisar, recorrer, descubrir... ese al que se negó a habitar bajo tierra para ser tragada en el olvido, mas reclamó el derecho de morar como lo hacen los demás, incluso cuando la muerte le dijera que ya era su tiempo para partir. Incluso cuando el precio a pagar por ignorar eso fuera tan alto.

Su visión misma estaba algo lejos de encajar con aquella época... menos con el modelo -ya peculiar en esos días- del viejo vehículo. Era como si se hubiera quedado en otro tiempo; hasta las hebras de ébano alrededor de su faz que bailaban con el viento que le guió hasta ahí tenían un compás distinto, pero simple y anticuado al fin. Se distrajo, pues, en sus propios pensamientos mientras sus orbes se perdían en el manto oscuro de estrellas apenas visibles sobre su cabeza, tímidas ellas, opacadas por la miasma de contaminación industrial, por las luces artificiales aquí y allá. Hubo un momento, sin embargo en el que sus ojos no se quedaron fijos en ese solo punto y, como si advirtieran que no eran los únicos alrededor se desviaron para encontrarse fugazmente con otros. Ahí, en el comedor nocturno más atrás había un alma más a lado de la ventana, diligente y solitaria se le antojó. Únicamente unos segundos se quedaron fijos en ellos sin haber otro cambio en su semblante que no fuera... una mera gesticulación amable, esa sonrisa sutil que no permitía se esfumase del todo. - Señorita, está listo -

- Ah, muchas gracias - Sacada de su ensimismamiento se dio la vuelta. Vaya sorpresa, que el trabajador hasta le había limpiado el parabrisas de paso con lo que al dirigirse a él, no pudo más que ofrecer de mejor gana la paga y la propina. Ahora que el cacharro estaba listo y sin excusas para no andar, lo que restaba era continuar... bien no tendría apuro, mas era preciso no detenerse por mucho si es que planeaba ganarle de nuevo al imperioso Helios.



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Jue Nov 14, 2013 9:35 pm

Se quedó de pie fuera del restaurante, respirando profundamente el frío de la noche, en el que se mezclaba el olor a gasolina y tierra. Mantuvo su mirada fija en la joven del auto negro, siguiendo cuidadosamente sus movimientos, intentando actuar con cierta discreción para no llamar su atención y causarle algún tipo de recelo.
Estaba acostumbrado a que la gente fuera desconfiada. No podía culparlos, viviendo en un mundo lleno de peligros y tan falto de piedad como era ese. Uno simplemente no podía fiarse de cualquiera, incluso si no parecían una amenaza, pues era a veces justo ahí, en la falsa sensación de seguridad dónde se escondían los más grandes peligros. Una joven mujer tenía muchas razones para ser cuidadosa con los extraños y evitarlos a toda costa, no le extrañaría nada si al intentar hablarle ella le ignorara o le pidiera en seguida que la dejara en paz, y él no quería importunarla de ninguna manera pero en vista de las pocas opciones que tenía para continuar con su viaje, consideró que bien valía la pena probar suerte y acercarse a ella.
Y ese era el momento, pues habían terminado de darle el servicio al auto, y seguramente ella se iría en cualquier momento.
Y él no podía arriesgarse a tener que esperar que pasara alguien más por esa carretera solitaria. No, debía llegar a Iron City sin dilación.
Así pues, se acercó despacio hacia ella y se detuvo a un metro de distancia, respetando cuanto podía su espacio personal para no incomodarla.

-Buenas noches.- saludó, procurando usar una voz suave al hablarle. –Es un buen auto el que tienes.- dijo, lanzando una mirada fugaz al vehículo, y luego volviendo a mirarla a ella, de frente. A esa distancia pudo observar con mayor detenimiento los detalles que le conferían a la mujer ese extraño y cautivador porte que ya desde lejos le había llamado la atención. Pudo constatar que la piel de la joven tenía un color blanco impresionante, además de tener una apariencia suave. El cabello que enmarcaba su agraciado rostro flotaba en el aire, casi con movimiento propio, pero sobre todo fueron los ojos los que atrajeron su atención. Sus pupilas tenían un inusual color rojo, oscuro y vivo, y su mirada era intensa y profunda, casi hipnotizante.



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Jue Nov 14, 2013 10:21 pm

Daría el último gran estirón de brazos al terminar de pagar, siempre con su donaire campante y relajado, ufanamente vago como no podía ser de otra manera en ella. Siendo esa la única parada que haría no escatimaba el tiempo para destensar sus ya aunque muertos, tullidos músculos. Restaba todavía una distancia considerable para alcanzar la tan afamada "ciudad máquina" después de todo, un par de minutos mas o menos no afectarían en lo absoluto. Serían incluso precisos, tal vez.

La brisa a sus espaldas le llevó un nuevo y raudo perfume en el ambiente que no pudo pasar desapercibido, por lo que los pasos detrás suyo y la voz consecuente a eso solo fue la confirmación de aquella nueva persona . Alzó un poco los hombros al escucharle, girándose lentamente a quien quiera que fuese. Se trataba ni más ni menos que de la misma alma taciturna y solitaria detrás de la ventana. Una breve pero atenta mirada le bastó para ponerse al tanto de su fisonomía ya que nunca ojeaba de arriba a abajo a nadie, así fuera la criatura más desagradable que pudiese ver. Acción como esa no solo era considerada de mala educación para alguien tan chapada a la antigua como la chica no-muerta, sino de mal gusto además y él, incluso con su plante rebelde y su semblante de pocos amigos no le sembró ni la más mínima precaución a desear tomar. - Oh, buenas noches joven - Correspondió tranquilamente al saludo con su habituada cortesía y el ceño amable pues, no tenía motivo para lo contrario. Sabía que le estuvo mirando desde hace un buen rato mas no su razón; era imposible no sentir el peso de esos penetrantes ojos azules después de todo. Fuera como fuera, eso no le importó debido a una sola cosa: Olía a humano. Y mucho.

- ¿Mmh? - Miró su propio vehículo con ese comentario, alzando las cejas y después sonriendo abiertamente - Jaja, gracias... me daba por pensar que solo yo le veía la gracia - Sin pena ni preocupación hizo el comentario que a redundadas cuentas, para ella era un hecho. Las nuevas generaciones apreciaban menos los modelos antiquísimos -para la época- como aquél... pero era por eso que le gustaba tanto: Desencajaban juntos por la vida, auto y dueña eran tal para cual: igual de anticuados. - ¿A usted le gusta? - Cuestionó curiosa como si nada, demostrando sin embargo la incredulidad en su ceja arqueada y en toda su faz. Un poco de plática antes de irse no le iban a sentar mal y, si por el contrario era un error hacer conversación con él -por educación, aburrimiento, interés o lo que fuese- cualquier sorpresa que le planteara el muchacho ya sabría bien cómo arreglárselas. Mientras no fuera de día, ¿Por qué tendría que temer de un simple mortal?


Última edición por Charlotte el Dom Nov 24, 2013 9:39 pm, editado 1 vez



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Jue Nov 14, 2013 11:04 pm

Tuvo que hacer acopio de su fuerza de voluntad para apartar la mirada de la joven y dar un segundo vistazo al auto. En realidad había soltado aquel comentario acerca del automóvil con la intención de entablar  un tema de conversación que le permitiera plantearle a ella la verdadera intención que le había llevado a acercarse y hablarle, y que era conseguir que le llevara hasta Iron.
También pensaba en la posibilidad de poder simplemente comprarle el auto, calculaba que disponía del dinero suficiente para hacerlo, pero era poco probable que ella aceptara vender el vehículo que podía sacarla de ese pequeño lugar que parecía estar ubicado en medio de la nada.
Contempló el vehículo por unos momentos. El auto parecía en muy buenas condiciones y además tenía cierta línea de elegancia. Asintió levemente como respuesta a la pregunta de la mujer, y luego agregó:
-No había visto un modelo como este en mucho tiempo, especialmente tan bien conservado.

Volvió a mirar a la chica, aun que le dirigió una mirada de lado, muy cautelosa, todavía intentado descifrar que había en ella que le resultaba a la vez tan extraño y fascinante. Pensó en que era una mujer atractiva, pero había conocido a multitudes de mujeres atractivas, beldades provocativas y seductoras que podían ser consideradas por algunos como verdaderos regalos a la vista. Pero la que estaba frente a él no era cómo ninguna mujer que hubiera visto antes, y lo que resultaba tan llamativo de ella no era algo físico, sino algo más intrínseco, algo que no podía verse a simple vista pero que estaba ahí, una especie de brillo propio, o algo en el aire que la rodeaba.
Le intrigaba, pero al mismo tiempo le prevenían sus sentidos sobre esa persona enigmática, a pesar de que no presentía en ella ninguna amenaza.  
-Si me permites hacerte una pregunta ¿A dónde te diriges?

Desde dónde estaba notó las discretas miradas del encargado de las bombas de gasolina, miradas desconfiadas y un tanto desagradables, y se imaginó que tipo de cosas estaría pensando: Un hombre abordando a una joven a mitad de la noche en una estación de gasolina, eso no podía acabar bien.
Le pareció divertido imaginar que diría aquel señor si supiera la clase de persona era él. O que haría la chica frente a él. Probablemente se alejaría en seguida. Pero lo cierto es que ni ella ni el hombre tras las bombas de gasolina, ni ninguna de las otras almas en esa pequeña estación tenían nada que temer de él.

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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Jue Nov 14, 2013 11:36 pm

¡Pues claro que no iba a ver otro modelo de esos, cuando eran tan endemoniadamente escasos! Es más, a la muerta incluso le sorprendió que el varón siquiera conociera esa clase de autos... o al menos eso que le dio a entender con lo dicho. Por supuesto, no le sorprendería que aquello hubiese sido puro cuento, un mero embuste, una frase tan cliché sacada de la manga únicamente en la búsqueda de tener un buen pretexto para acercarse con una intención... bah, era obvio que el chico se aproximó hasta a ella intencionado desde un principio, no habría que ser inteligente para saberlo. La gente no mira ni le habla a otra nada más porque sí, si lo sabría ella... el chiste ahora era conocer cuál era ese interés, y si sería más de uno. Le observaba disimulada con la cabeza hacia el auto pero las pupilas posadas discretas sobre él, captando los detalles en su ropa o en su cara cuyo cariz parecía siempre conservar esa inmutable seriedad, esa ligera arruga en su frente cual si el mundo no tuviera nada bueno qué ofrecerle, nada que mereciera su agrado o su aceptación siquiera. Desde esa distancia podía percatarse que inclusive rondaban por la misma estatura, solo siendo él un poco más alto que ella si la perspectiva no le fallaba aunque, tampoco se iba a acercar demasiado para comprobarlo.

No le pasaban desapercibidas, sin embargo, las miradas cautelosas y en efecto desconfiadas del trabajador más atrás. Al parecer era obvio prever que de aquél encuentro no podría salir nada bueno, no de la forma en que él se acercó ni de la hora en que era, o tan solo del lugar en que todo se desarrollaba, en esa desierta gasolinería a kilómetros de cualquier otra civilización y casi olvidada por Dios... y ella simplemente ahí, plantándose tan confiada y despreocupada como si cualquier peligro existente en la faz de la tierra le hiciera los mandados. O era muy astuta o muy idiota. "Always, anywhere... is like you teached me, "father". But this world is in my hands,
this world IS m-i-n-e.
"


Levantó muy con suavidad la ceja derecha con la pregunta del joven, no obstante, esta misma fue la clave para reconocer por donde iba el asunto además de que, no veía ningún otro auto estacionado a la vista, perdidos en esa estación en medio de la nada. A punto de hablar la chica cruzó fugaz y desinteresada la vista con el hombre de las bombas de gas que inclusive, por un instante le dio la impresión de que le exhortaba con la mirada. No era su imaginación, era para que se retirara del sitio sin mediar más palabra con ese sujeto antes de que cualquier desgracia ocurriera... lo que le hizo preguntarse: ¿Tan peligroso luciría para él? ¿Tan frágil se veía ella? Vamos, el dependiente le sacaba más de una cabeza y ella no era una doncella, si a esas íbamos. "No hay nada qué temer" le dijo en la mirada y la sonrisa rápida y cómplice, sin necesidad de vocablo. Eso porque de alguna manera agradecía que cualquiera se preocupara por ella, inclusive si eran desconocidos los que lo hacían. - Voy rumbo a Iron al ser lo más cercano - Fue pues, sencillamente sincera. ¿De qué tendría qué amedrentarse siendo ella? - ¿Por qué la pregunta? - Añadiría cordial con los parpados cerrados y la cabeza gacha al tiempo de acariciar el dorso de una de sus manos enguantadas, paciente... era ya sabedora de lo que él estaba buscando, empero, por el puro gusto quería escucharlo de su boca y hasta las palabras de las que haría uso para formular su petición. Al final de cuentas era mucho mejor cuando el otro te lo decía, ¿O no?



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Vie Nov 15, 2013 12:01 am

Además del singular y enigmático aire que envolvía a la chica, también resultaba palpable y muy llamativa, al menos para él, aquella inusitada afabilidad al hablar, al mirarle, y el comportamiento resaltaba aún más con aquella ligera sonrisa casi amistosa.
Pensó en que ella quizá sólo estaba de muy buen humor, tal vez había bebido esa noche, aunque él no detectaba el menor rastro de olor a alcohol cerca de la joven.
Parpadeó lentamente, reflexionando con cierta melancolía en el hecho de que era más fácil creer que alguien se había pasado de copas antes que pensar en que aún había personas que eran amables de corazón y agradables aún con quienes les eran desconocidos.
No, en su propia experiencia era poco realista y prudente creer en la bondad natural de las personas.
Por lo que no pudo evitar sentir desconfianza en el exceso de confianza que ella parecía tener. No mostraba ninguna preocupación por estar sola en ese lugar, hablando con un completo desconocido.

¿Qué tipo de persona podía comportarse con tanta seguridad en una situación así? Alguien muy crédulo que no sabía nada del mundo, o alguien que no tenía razón alguna para temer. Y los que no temen, pensó, son esos a los que hay que temer más.
Aun así al estar cerca no podía sentir ninguna amenaza latente, y él se consideraba bueno para juzgar a la gente.
Además la prisa por salir de ese lugar le orillaba a dejar de lado sus precauciones habituales.

-Mi vehículo se averió, y no podrán arreglarlo hasta mañana temprano. También voy a Iron, y en realidad tengo prisa por llegar cuanto antes.- la miró a los ojos, tratando de leer en ellos y prevenir que reacción tendría ella a lo que iba a pedirle. -Lamento importunarte pidiéndote esto pero me preguntaba si podrías llevarme. Has sido la única persona que se ha detenido aquí después de mí, podrían no pasar más autos por el resto de la noche y eso me obligaría a quedarme aquí a esperar.

Había expuesto su situación lo más sinceramente posible, suavizando un poco más su tono monótono al hablar para no crearle a ella ninguna sospecha, nada que pudiera darle indicios de peligro por su parte.
Él en verdad no tenía la menor intención de causarle ningún mal o ser una molestia, a pesar de la poca estima que se tenía a si mismo al medirse dentro de la escala de decencia humana, no acostumbraba a aprovecharse de gente que consideraba inocente, mucho menos a los que le brindaban algún tipo de asistencia o ayuda. Al exhalar el aire contenido en sus pulmones mientras hablaba, pudo verlo salir de su boca creando un pequeño vaho. Su nariz estaba fría, y también la punta de sus dedos. Metió las manos a los bolsillos de la gabardina, en un intento de procurarse algo más de calor y volvió a mirar el auto.

Si iba a convencerla de llevarlo ese era el momento de ofrecerle dinero a cambio, una suma suficientemente atractiva como para que ella no pudiera negarse.

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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Vie Nov 15, 2013 1:21 am

I see a line of cars and they're all painted black.
I see people turn their heads and quickly look away
.
Maybe then I'll fade away and not have to face the facts,
but It's not easy facing up when your whole world is black...


Placida, hasta su propio parpadear poseía una métrica menos mundana que todo el ambiente en derredor. Resultaba incluso absurda la calidez en el gesto propio pues, ¿Cómo es posible que este surgiera de una nada fría, carente de aliento vivo, de un cadáver andante con forma de mujer? Ciertas leyes estaban para romperse y la condenada lo hacía... con un ingenuo y travieso deleite. Esas eran, pues, tanto las de la vida y la muerte como las de la bondad y la maldad al ser puramente como era, viviendo en la muerte, balanceándose como una equilibrista en medio de esos polos sin mirar atrás, sin fijarse en quienes desviaban la cabeza con desapruebo. Miraba en parsimonia ese vehículo suyo más negro que la noche, la cuña de sus labios se alzó en un fugaz y secreto atisbo de nostalgia... a veces se le figuraba que no era solo un auto, que su apego secular iba instado más allá de ser su "compañero" de viaje y técnicamente su casa sobre ruedas. Quizá, de manera inconsciente cuando le buscó por vez primera pudo ver que si se le extraían estas últimas, sus formas se asimilaban a las de la última morada... a las de un ataúd. ¿Sería eso acaso, muy teatral?

Aún con el volumen tan bajo de la radio dentro del coche, sellado tras las puertas y ventanas cerradas "Paint in black" resonaba en su oído izquierdo y el derecho se mantuvo siempre presto a escuchar el motivo que tuviera que informar el varón, algo que cuando sopesó en su pensamiento le fue en entero razonable, casi de coincidencia. Dos miradas cayeron sobre él: una de sospecha y otra de suspenso... un suspenso femenino divertido y actoral al elevar ambas cejas con los párpados bien abiertos. El hálito visible que él despidió de su boca austera y ese gesto de llevarse las manos a los bolsillos para protegerlas del frío fue una cereza al pastel, y Char pensó que lo único que faltaba era que se pusiera a tiritar como un cachorro... pero en definitiva, algo así haría falta para convencerle. No importaba cuan sombrío fuera su mundo, o cuanto la oscuridad se esforzara por envolverle en su intento de arrebatarle lo que le hacía todavía humana en espíritu... ese muerto corazón lleno de telarañas aún podía sentir ternura, todavía guardaba simpatía genuina y desinteresada hasta para una cara tan adusta y grave como la de él. ¿Lo estaba reflexionando de verdad? Era consciente de que cualquiera en su sano juicio se lo pensaría al menos un par de veces, y los más sensatos hubiesen mandado al muchacho más lejos de lo que quedaba Iron o cualquier otra ciudad de Londres... por su cuenta claro está. Pero la joven no podría olvidar todas esas veces -unas divertidas, otras no tanto- haciendo auto-stop. Igual, daño no le iba a poder hacer y antes de que pudiera robarle algo que inclusive no fuera el descapotable, ella bueno, ya habría hecho algo al respecto.

- Humm... - Se cruzó visiblemente de brazos con la cabeza un poco hacia arriba. Ceja arqueada, mueca pensativa y cercana a lo pueril mientras se recargaba de espaldas en la puerta del carro, cruzando las piernas en su posición de pie.  ¿Realmente tenía que pensarlo? Pareció tomarse su pequeño tiempo para meditarlo hasta que al final, sus ojos se entrecerraron precedentes a que sonriera y le devolviera una vez más la vista al humano. Sin más, alegre y confiada... terminaría por moverse y abrir la puerta del copiloto - Nada qué importunar... hace frío aquí afuera y el tiempo es oro entonces. Suba con confianza - Recomendó, gentil y tranquila como sólo ella lo era. Casi se le cayó la mandíbula al trabajador que no podía más que seguirle impactado con la mirada, entretanto, la chica daba la vuelta al féretro móvil  hasta llegar a la segunda entrada y abrir la compuerta de este, todo ello en la más inalterable bonanza. Antes de entrar, ella volvió a posar su vista en el sujeto... y sonriendo de forma abierta se persignó con toda la intención de que le viera hacerlo para que, tras el beso a su mano con la señal de la cruz sus dedos índice y corazón se desplazaran juntos por sobre su sien derecha en una especie de saludo militar que largó guiñando un ojo, en despedida hacia él al estilo de las viejas estrellas de rock. Después de ello abordó y cerró la puerta satisfecha hasta en el suspiro. El verdadero viaje apenas comenzaba.

- ¿Y cual es su nombre, caballero? -



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Mar Nov 19, 2013 10:09 pm

Decir que se sintió sorprendido por lo rápido que ella había accedido a su petición sería decir poco. Esta más que nada, confundido por la actitud de la joven, por lo accesible e inusual de su comportamiento
Repentinamente volvieron sus dudas de si debía estar cerca de ella, más aún de si era buena idea pedirle llevarle. ¿Y si al final era él quien estaba en verdadero peligro?
No quería pensar en esa posibilidad, quizá por un poco de orgullo, porque luego de lo que había sido su vida consideraba que era capaz de cuidarse a sí mismo en cualquier situación, pero sabía bien que había mucho más en el mundo que lo que él mismo podía manejar.
Sus sentidos, tan afilados normalmente seguían sin poder ver nada peligroso bajo aquella apariencia encantadora de la mujer frente a él, pero su manera de actuar le inquietaba tanto como le intrigaba, encendiendo alarmas de cautela y sospecha.
Aun así, habría sido impensable negarse ante el ofrecimiento de subir al auto, ahora que había conseguido de forma  tan sencilla y rápida lo que quería. Sin más preguntas, ni tener que volver a pedirlo, ella le llevaría hasta su destino. Ni si quiera había tenido que ofrecerle el dinero que tan dispuesto estaba a darle a cambio del transporte.

Sin hacerse esperar se había acercado al vehículo cuando ella abrió la puerta para él, con un gesto en su rostro que le pareció una agradable bienvenida, de la que por supuesto sospechó por pura costumbre. Justo antes de entrar al vehículo captó la expresión en el rostro del hombre detrás de las máquinas de gasolina, una cara que era una mezcla de incredulidad y disgusto.
"Tranquilo, viejo, no pienso hacerle nada malo" pensó, sintiéndose mortificado. Aunque si ese hombre temía por la joven no podía culparlo, aun que de todas formas no era su asunto.

Se acomodó en el asiento del copiloto y tomó la precaución de abrocharse el cinturón de seguridad. El auto por dentro era espacioso y confortable y parecía estar en tan buen estado por dentro como lucía en el exterior. En realidad era la primera vez que tenía la oportunidad de subir a un automóvil de ese tipo, tan extraños de ver es esos días, y se le ocurrió que debía ser muy difícil el mantenimiento de algo tan viejo y raro. Una incógnita más para sumar a la lista de cosas que le parecían extrañas y extraordinarias acerca de esa persona a su lado. No es que llevara una lista conscientemente, al menos no en ese momento, pero no podía evitar fijarse en los detalles y analizarlos, intentando deducir lo más que pudiera acerca de ella, era a fin de cuentas lo que estaba acostumbrado a hacer con todos los que cruzaban su camino, y ella había resultado a primera vista alguien interesante para observa, y hasta el momento difícil de descifrar.

- Mi nombre es Astor.- respondió a la pregunta que la joven mujer le había hecho, expirando profundamente, complacido de poder ponerse a resguardo del frío.
que solo iba a aumentar conforme avanzara la noche. Le agradaban los climas fríos pero las noches en la intemperie en esa época del año podían ser terribles, y no tenía intención de morir helado o pescar algún resfriado. Eso sería poco conveniente.

- Te agradezco por aceptar llevarme. Es una cuestión muy importante para mí llegar cuanto antes a la ciudad, en verdad aprecio tu amabilidad. –le dijo, mientras se frotaba las manos para entrar en calor y luego agregó -¿Y tú como te llamas? ¿Cuál es el nombre de mi benefactora?

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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Mar Nov 19, 2013 10:43 pm

- Mmm, Astor... - Repitió con suavidad, pensativa, tal que si tuviera que grabarse ese peculiar nombre, claramente extranjero de memoria. Después de todo no recordaba haber escuchado antes uno semejante, ni él lucía como un inglés precisamente. - Curioso nombre - Añadió, entusiasta al buscar la llave en el bolsillo izquierdo de su chaqueta y acomodarse en su asiento. Se agradecía a sí misma que la noche anterior había hecho una limpieza exhaustiva en el interior, más oportuno de lo que podría haber esperado... y era ahora que solo quedaba el ambiente, además de aseado y cuidado, en cierto grado acogedor a pesar de ser un simple armatoste movil y no un hogar. Uno muy humilde para su imprevisto "huésped", eso no le pasaba por alto aún cuando fuera todo cuanto tenía para ofrecer. Y normalmente ella no se ponía el santo cinturón de seguridad... que va, ¿Para qué le serviría tal aditamento a alguien que no puede morir por un triste accidente de auto? Dichas precauciones -innecesarias en su caso- le daban flojera; incluso la inmortalidad era demasiado corta como para preocuparse por ello... o para peinarse todas las noches cuando ya lo hacía la brisa o sus propios dedos. En conclusión, nunca lo usaba, mas por esa ocasión que contaría con la compañía del varón y con el único fin de imitarle para disipar alguna sospecha lo abrochó a su cintura, sintiéndose extraña y sorprendiéndose de que todavía sirvieran, los dos.

Al oír ese agradecimiento, más la interrogativa sobre su nombre soltó una bisilábica pero honesta risa - Vamos, no es la gran cosa. Si nos dirigimos al mismo destino y tengo la disponibilidad de llevarlo, no veo por qué negarme entonces. Puede llamarme Charlotte, un placer conocerle joven Astor - Amigable y cordial además de educada se presentó, extendiendo su diestra enguantada hacia él. ¿Tenía que ser siempre tan formal, con una etiqueta tan desusada y añeja como el año de la televisión a blanco y negro? La respuesta simplemente era: Sí. Al verle de reojo frotar sus manos para adquirir más calor pensó que sería buena idea hacer el intento por lo menos, de ver si la calefacción todavía funcionaba -para él, obvio-. Solo un botón debajo del estéreo que al oprimir hizo un pequeño ruido maquinal y boom, al instante empezó a sentir como el aire cálido sustituía de a poco el frío. Sonrió vivamente... ese trasto no dejaba de sorprenderle aún con tantos años de haberlo comprado. Aprovechó la cercanía de su mano para subir solo un poco más el volumen de la radio, dejando esa entrañable estación de fondo, mas lo suficiente bajo para llevar una conversación si se daba el caso. O de lo contrario la música ayudaría a distender la típica incomodidad que dejaba ese prolongado silencio entre dos personas, el volumen era ideal para ambas situaciones.

Consecutivamente se mostraría hasta más relajada que allá afuera -si es que eso era posible- al encontrarse sentada de nuevo tras el volante que sus manos acariciaron, distendiendo con movimientos ligeros y circulares los hombros al tiempo de introducir la llave en su sitio y darle vuelta, haciendo ronronear ese motor como un felino contento. Una dócil pantera que encendió el fulgor de sus ojos, listo para seguir con la marcha- Aunque me queda una duda... su auto, ¿Volverá por él después, verdad? Porque es una lástima tener que dejarlo a cientos de kilómetros antes de la siguiente ciudad, digo... -



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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Invitado el Miér Nov 20, 2013 9:17 pm

-Lo digo en serio. Estás siendo muy amable, Charlotte. No muchos abrían aceptado ayudar a un desconocido a mitad de la nada.

Le dijo,  al tiempo que notaba con agrado que ella había encendido la calefacción y sentía el aire caliente que poco a poco iba envolviéndolo, apoderándose del ambiente dentro del vehículo. ¿Cómo es que ella no la tenía encendida desde antes, con lo frío que se estaba poniendo el ambiente? Sin embargo la joven parecía estar perfectamente ante aquel clima, por lo que le cruzó por la mente que quizá era él quien estaba siendo demasiado sensitivo al frío.
Tal vez por la edad, aun que no se consideraba a sí mismo demasiado mayor, pero tal vez era cierta aquella frase que decía que después de los veinticinco comenzaba la decadencia. Después de todo algunas de sus heridas, a pesar de haber cicatrizado no habían dejado de doler, lo que significaba que ya no sanaba tan bien y tan rápido como antes.
Suspiró con cansancio, tratando de apartar esas ideas deprimentes de su mente, y la miró de nuevo a ella, la intrigante joven a su lado que parecía encajar perfectamente al volante de ese ese viejo automóvil, cómo si ambos estuvieran listos para correr a toda velocidad como una bestia indómita corriendo contra el viento.

-Dudo que pueda volver por el auto.- soltó como respuesta a la pregunta que le habían hecho. estrechando su mano- En realidad no era mío, así no me importa mucho tener que dejarlo ahora que me es inservible.-  mientras hablaba le dirigía a la joven miradas de soslayo, vigilando sus movimientos y expresiones. Su completa tranquilidad, su airoso buen humor, algo casi alegre, complementado con una viva sonrisa.

Trató de ser discreto al observarla, no quería incomodarla mirándola fijamente, después de todo, por más extraña que fuera ella, le estaba haciendo un favor y eso lo apreciaba, pero sus sentidos le prevenían sobre no bajar la guardia estando junto a ella, pues aún escapaba a su comprensión el misterio de su persona, de la que no podía deducir mucho con solo observarla, era como si al mirarla los detalles escaparan a su atención, viéndose distraído por su presencia. Finalmente apartó la vista y preguntó:
-Tú ¿Vives en Iron?

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Re: Direct to the machine city, where the wind stops

Mensaje por Charlotte el Dom Nov 24, 2013 9:36 pm

- Ah... ya veo -Ladearía los ojos, extrañada por supuesto ya que, ¿Si no era de él el carro, no traería aquello algo más de escrupulosidad a la hora de dejarlo a la suerte, en un taller en medio de la desolación en la distante carretera? Lo cierto es que esa circunstancia le explicaba de perdida el desligue tan fácil del vehículo, el cual, en su caso lo pensaría más de dos veces por la simple razón de que era su único y más fiable medio de transporte y lugar, prácticamente habitando ahí. Eso, a menos que... bah, no era asunto suyo. Pisó despacio el acelerador y arrancó sin querer hacer más preguntas al respecto. Si bien podría estar llevando a un ladrón de vehículos como su co-piloto, no le preocupaba en lo más mínimo. ¿Por qué hacerlo, si mínimo le doblaba la fuerza? - Bueno, menos mal entonces - Añadió sin extraviar su buen ánimo y dejando, claro, el tema en el olvido.  Haciendo como que no se daba cuenta de aquella mesurada y discreta mirada sobre su persona, la chica se limitaría a conducir en la misma normalidad en la que lo estuvo haciendo, monótono su seño tranquilo, afable aun cuando tendría que negar con su cabeza de manera sosegada, sonriendo un poco más ampliamente por "Hans clean" en la emisión de radio además, claro, de la siguiente cuestión.

Ah... recuerdos. Cien y un de ellos se agolparon en su pensamiento con la sola mención de esa ciudad a la que ambos tenían en la mira, por la que el combustible y el deseo de los dos para llegar a ella movía esas ruedas sobre el asfalto de la carretera. Intentaría sin dudas ordenar las imágenes en su cabeza de aquellas viejas noches por las calles londinenses donde, si la memoria y su sentido de orientación no le fallaban, se encontraría la que actualmente era conocida como "ciudad de metal" - No - Le dijo franca, en medio de un suspiro y el alce resignado de sus hombros, únicamente para dejarlos caer de nuevo - En realidad apenas voy a visitar esa ciudad por primera vez pero, ¿Es usted de ahí? - Sin despegar los ojos del camino fue sincera en la medida que le era posible, puesto que, si bien conocía su antiguo Londres como la palma de su mano... esa madre patria de sus ayeres ya no existía como tal; ahora se trataba de un país inglés muy distinto tras el paso de... cuantos, ¿casi 70 años? tan diferente que actualmente era un conjunto de 12 ciudades. Era cierto que Astor tampoco tenía mucha pinta de inglés, ni su nombre y sin embargo, ¿Quién era ella para determinar si lo era o no con sólo eso? Al final, tenían todo un viaje para aclarar esa y más dudas si es que acaso se daba en la conversación, esperando contar con esa suerte por la sencilla curiosidad. - Y puedo preguntar también, ¿A qué se dedica? - Soltó desinteresada aquella duda, sin otra intención que seguir con la charla.




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